La Coctelera

ironicman

...desde donde el azul se hace negro, allá en lo alto....     

Categoría: Crónicas de mi viaje a Cataluña

3 Enero 2006

Sexto día. Una de carnicería, carretera y manta, integristas y…

La salida de Olot fue un poco tumultuosa, pues la calle principal de entrada y salida estaba en obras, cortada. Y por otro lado queríamos comprar unos “embotids” típicos de la zona, lo que implicaba aparcar, y con las arterias principales sin uso, y con ello parte de los aparcamientos subterráneos inaccesibles, el espacio para dejar el coche estaba de lo más complicado. Tras vueltas, vueltas, y más vueltas, optamos por la doble fila, o por el “asalting” de baldosa.

Una cosa hay que reconocer y constatar a los oloteños, la carne de sus carnicerías es muy buena, más que de primera de extra. En cuanto a nuestras adquisiciones, pues chorizo, fuet y salchichón. Aunque no lo he probado, pero he de suponer que debe estar muy rico, pues el maletero huele que alimenta, jejejejeje.

Un par de décimos de lotería en la administración número uno de Olot, que nunca se sabe… Aunque claro, cuando enseñé mi número me dijeron “… para que has comprado eso, esos números nunca salen…” Jo, pues me jodieron el invento, ya me han gafado el número de Olot. Pues espero que salga, y con el gordo, sólo por chinchar.

Rumbo a Bagá y una duda. ¿El camino corto y malo, o el camino largo y bueno? Pues no lo sé, nunca he pasado antes por aquí. Lo dicho, por Vic, el camino largo. Carretera buena. Más carretera buena. Casi setenta kilómetros por delante. Viaje tranquilo, no más de noventa por hora. A los lugareños se les conoce rápido, bueno, y tan rápido, te pasan como exhalaciones a más de ciento cuarenta o ciento sesenta, más de uno. Pero cafres hay en todas partes. Túneles. Bosques de muchos colores. Montañas cada vez más cercanas. Carretera ya algo empinada, cuesta arriba. Un camión. Uff, menos mal, un carril de lentos. Otro camión. En un túnel. Sin carril de lentos. Jo, de éste no nos escapamos. Cada vez más curvas. Un pueblo. Se llama Sant Joan de les Abadesses. Posteriormente nos enteramos que está considerado como uno de los pueblos de “la cuna de Cataluña”, junto con Ripio, algo así como Kosovo para los servios. Nos paramos en él un momento. Tiene un puente muy chuli. Fotos. Después vemos que tiene un casco histórico interesante, y una historia de rancio abolengo. Pero no hay tiempo, en otra ocasión será, hay que llegar a Bagá, y aún esta muy lejos.

Sant Joan de les Abadesses

Íbamos parar para comer en Vic, pero no lo hicimos, jo, que error. Nos adentramos por unas carreteras que no se si llegarían a ser comárcales, pues no tenían ni arcen. No se quien me dijo que todas la carreteras catalanas comárcales parecían autovías del sur. Continuamos la marcha, con un trazado cada vez peor, cada vez más complicado de conducir, cada vez con más curvas. El objetivo era Gironella, y de esta a Berga, aunque lo primero, comer. No había ningún lugar para esto último, ni en los pocos pueblos, muy pequeñitos, por los que pasamos.

¡¡¡Momento Pánico!!! Por esa mierda de carretera nos venia, tras una curva, un camión cisterna, no sé cual sería su contenido, a una velocidad poco apropiada para un vehículo de ese tamaño, que apareció por el carril contrario, y casi atravesado el remolque. Lo esquivé. Menudo imbecil.

Por fin un cartel de restaurante. Nos dirigimos a él, estaba un poco fuera de la carretera. Vaya, un “restaurante con encanto”. Un edificio de tipo rústico de reciente construcción. En el que como cosa “típica” tiene que las aves que se consumen en él, están vivas en una especie de corral trasero, como en las marisquerías. ¿El nombre del local?. Els Casals. ¿La comida? De diseño pero muy buena. ¿La atención del personal? Pésima. El camarero, un tipo muy estirado, pese a identificarnos como “castellanohablantes” en ningún momento dejó de dirigirse a nosotros en catalán. Pero no catalán “del sur” que digamos que se entiende, sino en “pirenaico” que es algo más cerrado y complicado de entender. Y para colmo muy rápido. Si no nos quería atender por ser un local solo para catalanoparlantes, que lo hubiera dicho al principio, y no bajamos en cache. El caso, nos atendió fatal, los platos tardaban una barbaridad en venir, y encima, en vez explicarlos, como hacia con el resto de mesas, los dejaba casi tirados. Si señor, el restaurante Els Casals, un desastre de atención, casi de tipo “apartheid”, en el que tiene a un “cafre” por camarero o jefe de sala, no se exactamente lo que era.

En este mismo establecimiento, pijo, elitista y estirado, fue el primer lugar en que pude oír una conversación sobre el nuevo “Estatut”, a un grupo de personas jóvenes, que creo, que no representaban a la gente normal de Cataluña, sino más bien a un grupo de “Salvadores de la Patria”. Lo cual me resultó deprimente, pues si el Estatut realmente se oyera en la calle, en los restaurantes, en las colas de los cines, en los hoteles, en las tiendas… pues tal vez todo el jaleo que hay montado entorno a él, tendría sentido, pero más bien es una cuestión, en la propia Cataluña, de los políticos, las élites, y los periodistas, a la que entran al trapo los políticos, los periodistas y algunos descerebrados del resto de España que promueven boicot contra la gente de Cataluña.

Tras dejar Pijolandia, nos pusimos de nuevo en la carretera, al poco pasamos Gironella, y unos minutos más tarde llegamos a Berga, donde la oficina de turismo esta justo a la entrada. Paramos, y cogimos información sobre la comarca del Berguedá. Rutas, pueblos, hoteles, casas rurales, museos… por lo que de inmediato nos pusimos manos a la obra, y comenzamos a llamar a los distintos alojamientos disponibles. Conseguimos aposento en Rustic Vilella, y nos dirigimos hacia Bagá, dejamos atrás Berga, y Cers, Terradellas y Guardiola de Berguedá.

Llegamos a Bagá, un pueblo pequeño, muy “clásico” en las construcciones y distribución de tipo pirenaico, que en su interior alberga una amplia y variada historia. Pero eso es otro cantar, ya que no hicimos escala en él, sino que marchamos directos a la casa rural en la que habíamos acordado quedarnos. A catorce kilómetros del pueblo. Primero por una carretera comarcal normal. Después, ya sin más remedio que avanzar hacia Gisclareny, la carretera empeoró considerablemente, no por su asfalto, en buen estado, ni por su trazado que continuaba siendo serpenteante casi hasta la desesperación. Sino por la anchura del camino, que se había encogido sustancialmente.

Llegamos al cruce en cuestión. ¡¡¡¡Que horror!!! Los últimos tres kilómetros eran de tierra. Ojalá. Solo eran los primeros quinientos metros, después pasaba a ser roca. Parecía que nos había dado un “telele” dentro del coche, de cómo botaba. Esperábamos que fuera un buen lugar, pues si después no nos gustaba… Por fin llegamos. No estaba mal. Nos quedamos. Una casa de montaña reconstruida en la que no había luz eléctrica, un generador la suministraba; sin teléfono, la cobertura para el móvil estaba solo a ratos… y apenas cuatro luces en todo lo que alcanzaba la vista. No está mal.

Gisclareny visto desde Rustic Vilella

Una sorpresa final. El dueño del hospedaje es de Murcia.

P.D. Mi numero de la lotería de Olot era el 77775, no salió… pero llevaba un cinco! Así que me devolvieron las perras. Vaya, una leche no parar en Vic a comer, y mira que estuvimos a punto. ¡¡¡Ay!!! ...qué desgraciaíco soy, que ni teniendo a un paso atino...

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30 Noviembre 2005

Quinto Día. De la Señera eclesial a la tormenta sobre el Volcán

Amaneció temprano, bueno, más bien como todos los días, pero con la sensación de que iba a ser un gran día de exploración, y nos dirigimos hacia la zona de volcanes de Olot, aunque durante el trayecto se nos ocurrió que estos se podían ver por la tarde, a la vuelta, por lo que hubo un cambio de planes. CastellFollit de la Roca. Tras un breve recorrido, nos encontramos a las puertas del municipio, que alberga como casi todos los de la zona una vieja iglesia, y algún museo, en este caso de Historia Militar. Aunque lo que más me gusto de este pueblecito, no fueron sus encantos añadidos, sino los naturales. Su estampa, ya que se encuentra sobre el cortado de un barranco, quedando desde la “trasera” del pueblo, ya dejándolo atrás, en una vista impresionante, encabezada por la iglesia y a la que siguen el resto de los edificios. Una imagen bella, impresionante, interesante, que por si sola ya merece la visita. Por lo que tras verlo, y por supuesto fotografiarlo, toco marcharse para otro lugar.

Esta marcha fue breve, pues la siguiente escala fue en Besalú. Un pueblo inicialmente insípido, así a primera vista, como diría un tipo que escribió una guía sobre El Camino de Santiago, y al llegar al pueblo vecino del suyo, escribió “…un pueblo sin ningún interés…”. Pero en este caso, una vez que se entra en él, y se comienza a caminar por sus calles, se van descubriendo “cosas” que van dando a entender que guarda mucha sustancia en su interior: Iglesias, conventos, algún palacio, historias, nobles, plazas, calles, callejuelas, escalinatas, soportales… y su puente.

Entre todos ellos pues no se que destacar, tal vez la Iglesia de Sant Vicenç del S. X, por fuera, se ve antigua, jejejejeje, pero es que pudimos entrar, pedían una moneda de euro para iluminar, y no la echamos. Otra, que se ve como “jibarizada” es la de Sant Pere, del S. X, también, era un monasterio benedictino, pero tiraron parte, para hacer la plaza. Iden que la otra con la moneda. Tras ella, esta ultima, esta la nave de lo que fue el antiguo hospital medieval del pueblo. Y por su esquina se puede bajar al río, y hacer unas buenas fotos del puente.

Otra cosa interesante es su plaza mayor, vieja, vieja, vieja, y con muchas historia, pues en tiempos ya pretéritos, esto es, hace mucho tiempo, fue donde se unían los caminos que iban a Girona, Olot y Figueres. Todos sus edificios tienen arcos, con lo que queda muy bien a la vista. Dejando las iglesias a la espalda, salen dos calles: una va al puente, la izquierda, y la otra al barrio judío, la derecha. En este último hay una cosa única, en Europa solo hay dos más con esta antigüedad, que se descubrió, sino recuerdo mal, haya por 1964. Un Mikvah, o baño ritual judío, de 1264. No lo vimos, alguien se puso medio malo, y hubo que largarse.

Y el puente. La imagen de Besalu. Es grandote, tiene siete arcos, y esta en curva. Tiene tres torres de defensa del puente, dos en los extremos y una en el interior, con sus rejas levadizas, almenas, etc. Es de los siglos XI-XII, aunque tiene a sus espaldas un chorro de reconstrucciones parciales y arreglos varios.

La mañana se pasa en Besalú en un suspiro. Calle para arriba, calle para abajo, una foto aquí, una foto allá. Sólo un detalle a señalar negativo. A los monumentos eclesiales no se puede entrar, la entrada la tienen acristalada, y para ver el interior iluminado durante tres minutos solicitan que se introduzca un euro “por la ranura”.

La comida la hicimos aquí, en un pequeño restaurante junto a la iglesia de San Vicente. Todo muy sencillo y normal, de no ser por la Brandada de Bacalao. Riquísima por cierto. Pero esto es harina de otro costal. Unas pechugas con patatas, unas manitas de cerdo guisadas, cerveza, agua, y un helado de crema catalana y manzana al horno con crema.

De vuelta nos encaminamos a ver los volcanes de Olot, y ello nos llevó a descubrir una cosa. Esta ciudad es un caos en cuanto te sales de las calles principales, e incluso dentro de ellas es complicado encontrarse. Por no decir de las direcciones prohibidas, que en ocasiones llegan a ser un “sinsentido” de lo más absurdo. Pues en más de una ocasión se llega a cruces, o plazas, en las que todas las direcciones posibles son prohibidas, excepto la que te ha llegado hasta esa posición, y otra que lleva al punto de partida, o sea como una pescadilla. Cuando no sucede que la señal del dirección prohibida no esta, o bien no se ve por estar tapada, y entonces se arma la de San Quintín.

Ante la imposibilidad de encontrar el ayuntamiento, de encontrar la oficina de información turística, la imposibilidad de encontrar un camino que llevara a los volcanes… bueno, el caso, que deben señalizar mejor, y poner las cosas más a la vista, por lo menos la oficina de información turística. Y viendo unas nubes muy oscuras que estaban saliendo por el horizonte, y que el camino para ir a nuestro alojamiento estaba sin asfaltar, nos decidimos por volver a éste último. Total ya estaba oscureciendo. Por lo que pasamos el resto de la tarde de relax “hogareño”.

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25 Noviembre 2005

Cuarto día. De la Venecia sin gondoleros a la inspiración de Dalí.

Tempranito salimos de Figueres y nos dirigimos hacia a costa, en concreto rumbo a Roses. Aunque previo a ella realizamos dos paradas.

Ampuriabrava. Este punto nos lo “vendieron” con una nueva Venecia. Y ciertamente es un lugar pintoresco. Tiene unas playas amplias, tienen pinta de ser limpias, aunque el día que estuvimos estaban plagadas de algas secas, casi montañas en algunas zonas, pero bueno, no es verano, es invierno, hay oleaje, y la gente no se baña, por lo tanto tampoco es muy importante.

Por cierto, en este lugar, antes de entrar a cualquier establecimiento, sobre todo a los de tipo alimentario hay que preguntar previamente los precios. Pues por un desayuno: de café, zumo de naranja y tostadas tomate, aceite y sal, nos cobraron 16 euros.

Lo pintoresco, los canales. Es curioso, original, ver los canales, además de la costa, y del puerto, hay canales que entran hacia el interior, dando una imagen a lo Venecia, o como en Florida. Con chaletes cuyas parcelas acaban con una escalinata en el agua, o en un muelle de amarre. Los canales, son en si mismos un embarcadero, en muchas zonas, con filas de barcos de distintos tamaños y tipos, hasta donde alcanza la vista. Sinceramente curioso, original.

Castell d’Ampuria. Este es el ayuntamiento al que pertenece Ampuriabrava, y que se encuentra indicado en buena parte de los postes de señalización de la localidad costera como “Centre Historic”. Para llegar desde estos carteles hasta él, hay que desplazarse como unos diez kilómetros.

Al llevar al Castell lo que más llama la atención es su iglesia-catedral, ya que sobre sale por encima del resto de construcciones, con una silueta que parece dar a entender que antes de catedral fue castillo, y de hay el nombre del lugar, pues no hay castillo alguno, más allá de la estampa del templo, o yo por lo menos no lo vi. Este se encuentra en restauración y en su interior alberga un pequeño museo parroquial, con las piezas que han sido retiradas de la zona en obras.

En cuanto al resto del pueblo está bien para dar un paseo y pasar la tarde. Calles estrechas, algunas empinadas, varios edificios históricos adicionales… No se aburre uno, y más si se lleva una buena conversación.

Para ver la web de la catedral

Una cosa que me llamó la atención en este lugar fue, en una de las láminas que se muestran en el museo. El Imperio Catalán. Aunque esto no se lo que es. Era un póster, en que aparecía en torno a una cronología de reyes, unos mapas, hechos históricos y monedas de cada época. En esta relación había desaparecido el Reino de Aragón y los Condados Catalanes, para aparecer el mencionado Imperio Catalán, en el que se incluían las actuales Cataluña, Aragón, Valencia, Murcia, Baleares, Rosellón, Nápoles, Sicilia y Grecia. Me choco esa denominación y esa distribución territorial, pues más bien eso eran los territorios de Aragón, y en el caso de Murcia sólo a ratos. Y en el de Atenas, “la conquista” duro escasamente unos días. Pero bueno, delirios los puede tener cualquiera… La pena fue no hacerle una foto.

Desde Ampurias nos marchamos a Roses. Esta localidad la visitamos someramente, pues la verdad, es excesivamente turística, y para exceso de turismidad ya tuvimos bastante con Ampuriabrava, consecuencia, para ver el ambiente de La Manga no habría sido preciso ir allí, esta aquí a un paso. En consecuencia, un paseo junto al mar, una visita a la oficina de turismo, y después a comer, pero como era miércoles, que parece ser el día de cierre, y además noviembre que parece ser el mes de cierre, pues en este lugar a penas había nada abierto en este día, y al final terminamos en un restaurante pequeñito, de apenas diez mesas, o no llegaría, y comimos algo de comida típica del lugar, marinero principalmente. El dueño simpático, la comida rica, y el precio económico.

En este pueblo, tienen unas ruinas del primitivo asentamiento romano, y alguna cosilla más, pero no los visitamos. Ya lo se, es un delito, pero… nos apetecía ir a Cadaques antes de que anocheciera.

Escasos minutos más tarde, estábamos en Cadaques. No lo vimos entero, pues el pueblo sigue a ambos lados del lateral izquierdo, mirando a la playa desde el casino. O lo que es lo mismo, con el pueblo a la espalda, y el mar de frente. Este pueblo, en la zona en la que estuvimos, no tiene mucho desarrollo turístico, aparente, son casas pequeñitas, blancas, algún chalet, alguna casa restaurada… un ambiente muy de pueblo de pescadores, las barcas aún están “aparcadas” en algunas playas. Con unas vistas, con unos paisajes, con un ambiente, con una inspiración… con una Luna. Como Cadaques, pocos lugares. Simplemente digno de visitar. Como decía Dalí, aunque yo no se si llegar a ese extremo, “el mejor lugar del mundo”.

Cadaques y La Luna

Ya de noche nos marchamos para Olot. Lo primero que me llamó la atención de esta ciudad, antes de llegar a ella fue su nombre. Totalmente nórdico, jejejeje. Pensábamos hacer noche en algún punto del trayecto, pero teniendo en cuenta lo rápido que anochece en noviembre, nos decidimos por llegar hasta el punto de destino, y más teniendo en cuenta que estábamos en una zona algo reducida de extensión, decidimos ir hasta ella.

Sobre la macha fuimos localizando alojamiento, al final una casa rural. Más Nou. En Las Preses. A las afueras de Olot. Muy bien, muy acogedor, muy caliente, aunque fuera había quien opinaba que la temperatura era gélida. Un pequeño apartamento, con salón-cocina, vestidor, dormitorio y baño. Bien amueblado, y trato muy amable y correcto.

Más tarde a cenar. Qué horror. ¡¡¡Estamos en el Norte!!! Y como hace frío, la gente no sale. Están en su casa, con una buena chimenea bien surtida de leña, y no salen a cenar fuera, en consecuencia, Dios y ayuda para encontrar un local abierto. Un restaurante. Pero al final lo encontramos, dimos con uno, y cenamos unos canelones de gambas y espinacas, unas patatas rellenas de carne, y un costillar de cordero, de postre un helado de crema catalana, todo ello regalo con agua y cerveza.

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24 Noviembre 2005

Tercer día. En la Casa de Dalí

Con la indignación de la situación vivida en el hotel, nos marchamos hacia Figueres, con la intención sobre todo de visitar el Museo de Dalí. Por el camino el trayecto me sorprendió.

Lejos de la imagen de modernidad que transmite Cataluña. Lejos de la industrial Tarragona, o de la glamourosa Barcelona. En el camino de Girona a Figueres abundas la construcciones, viviendas, humildes, más cerca de la chabola que el chalet. Pueblos viejos, de construcciones no antiguas sino viejas. De población también envejecida. Con carreteras que dejan mucho que desear, con sin arcen, llenas de yerbas… Aunque eso si, con todas la indicaciones y señalizaciones nuevas, y aquí he de ser crítico, ya que se ha gastado mucho dinero en “catalanizar” Cataluña, y sin embargo en otras cosas más importantes no se ha puesto un duro. Una señal, un cartel, otro cartel… van sumando mucho dinero, y la carretera sin embargo no tiene arcen, o el barrio esta mal conservado. Creo que eso no esta bien, la gente ya sabe que esta en Cataluña, tanto los que venimos de fuera, como los que son de aquí, entonces para que tanta parafernalia, y luego lo que realmente importa no esta en condiciones.

Llevamos a Figueres, y tras un breve trayecto nos colocamos en la puerta del museo. Y tras comprar la entrada, adentro. Llama en primer momento la atención lo pintoresco del lugar. Esta bien distribuido, no hay forma de aburrirse, o de no ver algo que haya tocado la mano de Dalí. Desde el coche en el que llueve en el interior que hay en el patio central; a los gravados de la última planta; pasando por la colección de cuadros privada de Dalí pintada por otros autores; o los distintos “inventos” de la segunda planta. Y como no podía ser menos, mucha gente, un flujo continuo, que sin ser agobiarte, o amontonador, no cesa, siempre hay gente, sin aglomeraciones, viendo cualquiera de las piezas expuestas. Aunque hay una cosa que llama la atención después de estar un tiempo dentro del museo. No hay obras famosas de Dalí en su interior. Las obras conocidas que salen en todos los catálogos y libros de arte no están. Y uno se queda con la sensación de que lo que esta viendo son los “residuos creativos” de Dalí, pues de las obras conocidas no hay ninguna. Eso lo deberían solucionar, pues deja una sensación agridulce, cercana al timo admitido por ser políticamente correcto.

La comida. Punto importante en la “exploración” de un lugar, y en esta ocasión lo encontramos rápido. Poco más abajo del museo. El Mesón-Asador Castell 4. Agradable, acogedor y cuidado. Casi todo carnes. Nos pedimos una ensalada de pimiento rojo asado con bacalao desmenuzado, para picar; y a continuación de asado de cordero lechal y otro de cochinillo. De beber cerveza y agua. De postre un mouse de xocolata, chocolate, al secreto del músico, y unas torrijas calientes con helado de vainilla. Todo muy rico y sabroso.

Perelada, o Peralada, que aun no me he enterado si escribe de una forma y se pronuncia de la otra o al revés, y su castillo que no vi. Este pueblo me gustó mucho. Medieval, de calles estrechas, serpenteantes y algunas empinadas, con las casas de planta baja, o un piso a lo sumo. Hechas de piedra, con ventanas enrejadas, y macetas con flores en los balcones. De noche, con el castillo ya cerrado, por lo que no puede disfrutar de la visita guiada que en él se anuncia. Tras un café, nos adentramos bajo el arco, resto, según parece, de una antigua muralla, que da paso al municipio, junto a la pared de un convento de aparente solera.

Deambulamos por la calles, todas con una tenue iluminación anaranjada, proveniente de los distintos tipos de farolas, que a uno u otro lado las salpican. Con frío, el sonido de nuestros pasos sobre los suelos del piedra o adoquín, y alguno, los menos, de asfalto. Con le olor del humo de las chimeneas y los braseros inundando hasta el último rincón del lugar. Y en compañía de un perro que se nos unió a la expedición.

En definitiva un lugar encantador con encanto. Me gustó mucho, es digno de visitar. Así con esa luz, con el frío, los olores, los sonidos, es como trasladarse a otra época, ir a tras en el tiempo, y con una pizca de imaginación, es posible ver por sus calles a gentes a caballo, con armaduras, espadas, escudos… Uff, se que se me va la cabeza y ya me veo en la piel de Ivanhoe, y sobre ella una cota de malla, visera del yelmo bajada, lanza en ristre en un brazo y un gran escudo con blasón en el otro, a lomos de un veloz y brioso corcel recién espueleado, yendo a galope tendido al encuentro de mi adversario, en una justa que el Señor del castillo organiza en honor del Rey que venido a visitarlo para conmemorar el aniversario de la entrega de sus dominios al primero por parte del segundo.

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22 Noviembre 2005

Un disgusto, el hotel

El hotel esta bien, el limpio, esta nuevo por dentro, es amplio, no esta mal. O más bien, no estaba mal. Pues el personal deja mucho que desear. Al entrar el domingo, pedimos en recepción dos noches, pero el tipo no sabemos que anotó, bueno si, apunto solo una noche. Así que después de nuestra aventura acuática hemos vuelto al hotel y nos hemos encontrado nuestras cosas tiradas, todas, en el suelo, en una equina el mostrador de recepción, sin el más mínimo cuidado ni seguridad. A mano de todo el mundo. Lo habían cogido y sacado de la habitación ¡¡¡y lo habían dejado tirado!!! Hemos estado apunto de ir a la comisaría a poner una denuncia. Maletas, la ropa que no estaba en maleta, el ordenador portátil… todo tirado. Alucinante. Indignados. Y para colmo el trato en recepción casi como si fuéramos delincuentes. Al final nos han dado otra habitación, algo más grande en otra planta, hemos tenido que subir todo, y para colmo cuando hemos llegado a la habitación echaba peste. Algo similar a muerto, la carne podrida cuando empieza a ponerse cremosa, uno olor dulzor como arenoso en la nariz. Un asco. ¿El hotel? Pues el Hotel Peninsular, en la calle San Francisco, si tiene que visitar Girona, no se hospede en él, las instalaciones están bien, pero el trato, las atenciones, los empleados… un asco, dejan mucho que desear. Y pueden conseguir que un agradable viaje deje de serlo. Sobretodo y como colofón cuando te enteras, o te das cuenta, de que en tu ausencia, se entra en la habitación y no para hacer las camas precisamente.

Mañana salimos de la capital y vamos para la costa.

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20 Noviembre 2005

Segundo día. Y el diluvio cayó en Girona.

Amanece temprano. A las 08:00 en pie. El día esta nublado, pero no llueve. La temperatura no es alta, tampoco el baja, tal vez unos 14 o 15º, así que a desayunar, un chocolate, un zumo de naranja y un dulce de crema. Ya con fuerzas renovadas, nos buscamos la oficina de turismo, cogemos material y ale, de exploración.

Comenzamos con el mismo recorrido de la tarde noche del día anterior, pero en este caso ya con luz del día. ¡¡¡Que fotos me han salido!! Hemos vuelto a pasar por la muralla, por la catedral, por… y el plato fuerte el museo de la judería de Girona. Y la judería en si misma.

Aquí tengo una “mancha”. Entre los empleados del museo nos hemos encontrado con un “integrista” que en ningún momento nos ha hablado en castellano al ver que no le hablamos en catalán, y eso no me ha gustado, pero en todas partes hay cuecen habas. Y luego los audiovisuales del museo, no tienen versión en castellano. Esto hasta cierto punto a mi me da igual, pues aunque no presumo de hablarlo en la intimidad, si lo entiendo bastante bien, y en consecuencia… pero a mi acompañante, que no lo pilla, pues no le hizo mucha gracia.

Tras este inciso, el museo. Esta muy bien, es como los que hay ahora, un automuseo, pues lo ve uno mismo sin guía, o en todo caso con una audioguía. Está todo bien señalado, y todos los paneles que se encuentran en las distintas salas con la explicación de los contenidos de las mismas, están en cuatro idiomas: catalán, castellano, francés e ingles. Aunque los audiovisuales, como dije, solo en catalán.

Al salir llovía, llovía bastante. Y nos encaminamos, calle arriba esquivando charcos hacia la colegiata de Sant Feliu, la lluvia ha ido en aumento, mas agua, y los zapatos se me empiezan a mojar, los pantalones van mojados hasta las rodillas, el paraguas comienza a tener goteras. Sigue lloviendo. Llegamos a la plaza trasera del edificio, la lluvia cae como a cántaros, parece haber niebla y es agua, pero desde allí no se puede acceder a la fachada principal. Así que damos la vuelta, una calle larga hacia abajo, para después volver a girar hacia el rio. Por fin. La fachada principal ya esta a nuestra vista, mi pelo esta mojado y llevo paraguas, subimos a la pasarela sobre el río, los pies calados, hago una foto de este ultimo, y otra de la fachada principal. Mucha agua. El diluvio esta cayendo sobre Girona.

Iniciamos la marcha hacia el hotel de nuevo, el agua no cesa. Estamos mojados, casi no hay nadie por la calle, y quien transitas por ella también va algo hidratado, por lo menos de piel hacia fuera. Cuando vamos llegando al puente que da a la Calle San Francisco, ya no llueve solo chispea un poco, unas gotas sueltas. Llegamos al hotel.

Tengo sueño. En consecuencia de las 14:50 a las 15:15 me hecho una siesta, y al despertar nos vamos a comer. Estuvimos en un local llamado Mozart, un restaurante-pizzería, tomamos unos ravioli al roquefor, y después una chuleta de cerdo, y yo un salmón al cava con piñones tostados, todo ello muy rico, y regado con una cerveza y agua. En cuanto al servicio las camareras bien, agradables y simpáticas. En cuanto al camarero, encargado, dueño o lo que fuera, se puede decir que como lo más suave estupido, como trate a si a unos cuantos clientes mas creo que el negocio le durara poco.

El resto de la tarde entre chispeo y chispeo, nos menos dedicado a deambular por las calles de la ciudad en la parte nueva. Aquí he de decir, sin menospreciar a nadie, pues seguro que tendrá “rincones con encanto” que la parte nueva, como todas partes nuevas de todas las ciudades, no tiene el mínimo interés.

Tarde de tormenta. Llueve como un nuevo diluvio, añadido al de la mañana. Con unos truenos de susto y relámpagos de impresión. La electricidad se corta, que desastre, de las 19:15, más o menos, hasta las 21:40 sin luz eléctrica. Todo a oscuras sin poder hacer nada, ni televisión, ni ordenador, nada… Bueno, si, algo, pero eso, no lo digo.

Y para cenar, pues hoy hemos ido a un Bocatta y nos lo hemos traído al hotel.

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15 Noviembre 2005

Primer día en Girona

Tras hacer noche en Tarragona y un trecho de carretera en continua lluvia, varios peajes, más lluvias, algunos lentos hacedores, en potencia, de accidentes, pues la prudencia es una cosa pero ir a 60 o 70 km/h en una autopista es algo muy diferente. Más lluvia. Seguía lloviendo. Llovía más y las nubes no auguraban un rápido despeje precisamente, llegamos a Girona.

Al llegar, una ciudad desconocida, desconeguda, como dirían los lugareños, buscamos donde aparcar, y un hotel, pues no traíamos nada buscado previamente. Tras varios intentos nada era satisfactorio, o carísimo o muy cutre. Al final, tras un paseo bajo la lluvia junto al río, entramos a una cafetería, y se obró el milagro. Al salir el sol brillaba en el cielo, y justo en la puerta de esta, pared por medio, un hotel. El Peninsular. No estaba mal, nos quedamos en el. El follón fue conseguir llegar después con el coche hasta el, pues había más direcciones prohibidas que donde las inventaron.

Tras comer en el restaurante Boira de la Plaza de la Independencia, con un trato muy agradable y unos platos exquisitos. Vamos a marujear: un “fua” al noseque delicioso, un arroz negro con piñones y sepias de rechupe, y un secreto de ibérico, que yo se lo que es, por no lo voy ha desvelar, que estaba de muerte; todo ello con un Perelada blanco de 2004 Blanc de Blancs. Y de postre un mouse de chocolate negro, con un mouse de chocolate blanco, con una bola de helado de chocolate mouse en helado de chocolate blanco y negro. Sólo un detalle, mi acompañante salio mosqueada, pues la carta sólo estaba en catalán. Pero no pasa nada, s’entiendetó.

¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡AAAAAAAAAHHHHHHHHHH!!!!!!!!!!!!! Salimos del Boira pasadas la 17:00.

Marchamos para la zona histórica. Escaleras, escaleras, escaleras, escaleras, escaleras… uff, tengo las rodillas y los pieses hechos una mierda. Pero muy chulo. Genial. Las montañas a las ciudades antiguas les dan mucho juego. El barrio judío, La Call, muy, muy bien. La muralla, bien conservada, y aunque no es comparable, también es como la de Ávila, transitable por encima para ver el perímetro exterior de la ciudad. La catedral… bueno, no soy muy amigo de las cuestiones religiosas, aunque a veces, cuando hay cosas relevantes me gusta verlas. En este caso, la catedral es, a riesgo de que lo lugareños me pongan verde, es fea, solo tiene una torre, aunque su estructura es como si la hubieran proyectado con dos, pues la que tiene esta muy esquinada y queda como muy desangelada sola; es muy cuadrada, da la impresión de ser más antigua de lo que realmente es; luego un detalle, esta restaurada y limpiada por la fachada delantera, pero la trasera esta negra, sin tocar, aunque esto tampoco se puede poner como reproche, puesto que la de Burgos esta igual, la pared que mas ve la gente esta limpia y toda la parte trasera sucia. Un rincón muy chulo es la llegada a la facha principal de la catedral desde la muralla, a un conjunto, digo de cuento de hadas.

La parte histórica de la ciudad, creo queda claro que me ha gustado mucho, como he dicho, una ciudad antigua en monte da mucho juego, como Toledo, Cuenca, Cehegin, Aledo… Me ha gustado, y he disfrutado como un enano. Y cuando se ha hecho de noche… guahhh, eso si que esta genial. Las piedras, la luz tenue de de las farolas, todo con unos tonos desde los anaranjados hasta los grises y el negro, por las callejuelas estrechas y empedradas. El sonido
de los pasos, sobre el agua, y el de esta goteando desde los tejados a la calle, y en algunas zonas la rechinar de las arena bajo la suela…

En cuanto a la gente muy bien, amables, simpáticos… en muchos sitios te comienzan la conversación en catalán, pero en cuanto nos les hablas en él, ya te pasan al castellano sin complicaciones. No he encontrado nada en plan así como gente de dos bocas una para cada lengua, ni gente con los labios cosidos para que no hable en castellano, ni tampoco a funcionarios con la vara que fueran penalizando a quien no lo hablara, ni me han dado clases de ello a mi. Todo esto en mención a los integristas que en diversas tertulias y prensa escrita insinúan cosas similares a estas.

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15 Noviembre 2005

Preámbulo

Aunque el viaje se desarrolla en noviembre, Barcelona ya la visite en junio de 2005. He de decir, pese a quien pese, que la ciudad en si, no me gustó. Ya sé, esto es un “sacrilegio”, pues no es políticamente correcto visitar una ciudad y decir que no te ha gustado. Pero así es. En su conjunto no, aunque tiene rincones que están muy bien.

En la Plaza Real, comí de vicio; en el Barrio Gótico me perdí de lo lindo; la catedral me gusto, con las ocas sueltas dentro en una parte de ella; una casa jardín de la que no recuerdo el nombre y que tenia un jardín, un museo y una cafetería en su interior también me gustó mucho, aunque, como ya he dicho, no recuerdo su nombre sólo que estaba en una calle trasera de la catedral, o más a lateral izquierda mirando la fachada principal en obras. Las Ramblas, Plaza Cataluña o Diagonal, bueno, muy comercial, muy recto. El puerto también me gusto. O el Museo de Historia de Cataluña, que estaba en lo que, creo recordar, fue la antigua lonja del puerto, también me gustó, tal vez un poco “integrista” pero bueno, un museo de “Historia Patria” debe ser así, de lo contrario se convierte en “uno se qué” de popurrí de cosas ordenadas, como una biblioteca de objetos. En esta zona del puerto también comí muy bien.

El resto de la ciudad, y de los “encantos” que esconde, que seguro que son muchos, como las obras de Gaudi, el Parque Güells, Tibidabo, Monjuit, y que yo no supe apreciar, y que más de un lugareño me reprochará y me hará hasta cruces, pues no me gustó. Me dio la impresión de que eran una sucesión de añadidos, de barrios, que se habían ido ampliando según las necesidades del momento para hacer una megaurbe, y eso ya tan grande y tan uniforme no me gustó. No me llamó la atención.

Pues el caso, ya paso a mi visita a Girona y Lleida.

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Sobre mí

La gente me señala me apuntan con el dedo susurra a mis espaldas y a mí me importa un bledo

Que más me da si soy distinta a ellos no soy de nadie, no tengo dueño

Yo sé que me critican me consta que me odian la envidia les corroe mi vida les agobia

¿Por qué será? Yo no tengo la culpa mi circunstancia les insulta

Mi destino es el que yo decido el que yo elijo para mí

¿A quién le importa lo que yo haga? ¿A quién le importa lo que yo diga? Yo soy así, y así seguiré, nunca cambiaré

¿A quién le importa lo que yo haga? ¿A quién le importa lo que yo diga? Yo soy así, y así seguiré, nunca cambiaré

Quizá la culpa es mía por no seguir la norma, ya es demasiado tarde para cambiar ahora
Me mantendré firme en mis convicciones, reforzaré mis posiciones

Mi destino es el que yo decido el que yo elijo para mí

¿A quién le importa lo que yo haga? ¿A quién le importa lo que yo diga? Yo soy así, y así seguiré, nunca cambiaré

Alaska y Dinarama


...y si no te gusta lo que tengo, siempre te puedes ir a otra parte, tu dirás...
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