Un ataque de ego
Ayer fue un día negro. Nada salió. Pero hoy…
He estado en el lugar A, y había una cola inmensa. Así que me he ido la lugar A+1, y allí le ha faltado el mundo a la gente para tenderme. Dos de atención al público para mi solo. Aunque no hemos conseguido resolver nada, y me han dicho que fuera la lugar B.
En el lugar B, había una cola inmensa, así que he cogido número. Aunque previamente al guardia de seguridad le ha faltado el mundo explicándome, y diciendo, con unas atenciones… no propias de su profesión.
Total que he vuelto al lugar A. La cola ya era más reducida, así que me he esperado. Diez minutos y me ha tocado. Me atiende una señorita que previamente había tratado con la indeferencia más absoluta a mis predecesores. Pero fíjate por donde se pone superhipermegaatenta. Guaa, que fuerte. Y para finalizar, cuando ya me despedía, me ha soltado una sonrisa de oreja a oreja, con un guiño de ojo, que casi pasa algo malo…
Vuelvo al lugar B. Mi número se ha pasado. Jo. No pasa nada, saco otro, vaya, el 68, y va por… ¡¡el 67!!. Espero. Me toca. Me atienden. Casi me asusto. Que atención, que desprendimiento, que trato… En algodones. Casi volando en la alfombra de Aladino. Y hasta me ha acompañado a la puerta. Y que sonrisa… hasta me ha guiñado el ojo, también muy escandalosamente. ¿Será el sello de la casa?
A todo esto, estas gestiones no eran propias, sino un encargo, que si llegan a ser para mi, entonces ya no se…
Como me sobra tiempo, decido ir al imprevisto lugar C. Aquí la cosa que presumía más complicada. Información. Me dicen que no localizan a que pase. Control de accesos. Desde otro lado la chica de información me dice que pase, el guardia me saluda cortésmente, no me la ¡¡chapa de visitante!! y lo que es aún más increíble, me deja pasar. La chica me indica el camino.
Sigo, con la música en mi coco de los dibujos de La Pantera Rosa. Durun, daran, duran, durundurun, daraaaan. Vaya, me equivoque de pasillo. Pregunto. Un tipo no me hace caso. La tipa que esta con él, sala de su oficina, y me indica que el camino.
Prosigo. Eso si, seguía perdido, aunque esta vez con indicaciones. Se acaba el pasillo. Abro la puerta. La calle. Jo, pues ¡¡¡¡¿me han engañado?!!!! Giro a la izquierda. Otro pasillo. Pero parece urgencias. Una tipa sujetaba la pared mientras se fumaba un cigarro. Tenía cara de mala hostia. Le pregunto, esperando una respuesta airada, o cuanto menos, un “no tengo ni idea”. Me equivoque. Me indica el camino con una amplia sonrisa y agradable tono de voz inesperado.
Sigo el pasillo. En el lugar señalado. Mi punto de destino. No hay nadie. Todo el mundo desaparecido. Miro. Miro. Remiro. ¡¡Alguien!! Le pregunto. Se marcha en “misión de exploración”. Espero. Espero. Espero. Vuelve. Pero por quien yo preguntaba… no esta. Aunque eso si, me lo dice muy encantadoramente.
Pues nada, con la misión fallada, desando mi camino por el pasillo segundo. La llegar a la salida, la chica que sujetaba la pared, aun estaba allí. En cumplimiento de aquella tan dura y de tanta responsabilidad que le había sido encomendada. Me despido de ella. No lo esperaba. Responde con muestras de inesperada y sonora alegría.
No se, deber haber sido la colonia, o tal vez las mangas de la camisa remangadas, o tal vez el andar, o tal vez… no se. El caso que tantas atenciones, en una deshumanizada mañana de estrés burocrático me han sorprendido, y ya que no habían sido para los/as demás, sino para mi solo, pues me han disparado El Ego. Tengo un Ataque de Ego. Bueno, ya se me esta pasando.

La gente me señala
me apuntan con el dedo
susurra a mis espaldas
y a mí me importa un bledo
