Quinto Día. De la Señera eclesial a la tormenta sobre el Volcán
Amaneció temprano, bueno, más bien como todos los días, pero con la sensación de que iba a ser un gran día de exploración, y nos dirigimos hacia la zona de volcanes de Olot, aunque durante el trayecto se nos ocurrió que estos se podían ver por la tarde, a la vuelta, por lo que hubo un cambio de planes. CastellFollit de la Roca. Tras un breve recorrido, nos encontramos a las puertas del municipio, que alberga como casi todos los de la zona una vieja iglesia, y algún museo, en este caso de Historia Militar. Aunque lo que más me gusto de este pueblecito, no fueron sus encantos añadidos, sino los naturales. Su estampa, ya que se encuentra sobre el cortado de un barranco, quedando desde la “trasera” del pueblo, ya dejándolo atrás, en una vista impresionante, encabezada por la iglesia y a la que siguen el resto de los edificios. Una imagen bella, impresionante, interesante, que por si sola ya merece la visita. Por lo que tras verlo, y por supuesto fotografiarlo, toco marcharse para otro lugar.

Esta marcha fue breve, pues la siguiente escala fue en Besalú. Un pueblo inicialmente insípido, así a primera vista, como diría un tipo que escribió una guía sobre El Camino de Santiago, y al llegar al pueblo vecino del suyo, escribió “…un pueblo sin ningún interés…”. Pero en este caso, una vez que se entra en él, y se comienza a caminar por sus calles, se van descubriendo “cosas” que van dando a entender que guarda mucha sustancia en su interior: Iglesias, conventos, algún palacio, historias, nobles, plazas, calles, callejuelas, escalinatas, soportales… y su puente.
Entre todos ellos pues no se que destacar, tal vez la Iglesia de Sant Vicenç del S. X, por fuera, se ve antigua, jejejejeje, pero es que pudimos entrar, pedían una moneda de euro para iluminar, y no la echamos. Otra, que se ve como “jibarizada” es la de Sant Pere, del S. X, también, era un monasterio benedictino, pero tiraron parte, para hacer la plaza. Iden que la otra con la moneda. Tras ella, esta ultima, esta la nave de lo que fue el antiguo hospital medieval del pueblo. Y por su esquina se puede bajar al río, y hacer unas buenas fotos del puente.

Otra cosa interesante es su plaza mayor, vieja, vieja, vieja, y con muchas historia, pues en tiempos ya pretéritos, esto es, hace mucho tiempo, fue donde se unían los caminos que iban a Girona, Olot y Figueres. Todos sus edificios tienen arcos, con lo que queda muy bien a la vista. Dejando las iglesias a la espalda, salen dos calles: una va al puente, la izquierda, y la otra al barrio judío, la derecha. En este último hay una cosa única, en Europa solo hay dos más con esta antigüedad, que se descubrió, sino recuerdo mal, haya por 1964. Un Mikvah, o baño ritual judío, de 1264. No lo vimos, alguien se puso medio malo, y hubo que largarse.
Y el puente. La imagen de Besalu. Es grandote, tiene siete arcos, y esta en curva. Tiene tres torres de defensa del puente, dos en los extremos y una en el interior, con sus rejas levadizas, almenas, etc. Es de los siglos XI-XII, aunque tiene a sus espaldas un chorro de reconstrucciones parciales y arreglos varios.
La mañana se pasa en Besalú en un suspiro. Calle para arriba, calle para abajo, una foto aquí, una foto allá. Sólo un detalle a señalar negativo. A los monumentos eclesiales no se puede entrar, la entrada la tienen acristalada, y para ver el interior iluminado durante tres minutos solicitan que se introduzca un euro “por la ranura”.

La comida la hicimos aquí, en un pequeño restaurante junto a la iglesia de San Vicente. Todo muy sencillo y normal, de no ser por la Brandada de Bacalao. Riquísima por cierto. Pero esto es harina de otro costal. Unas pechugas con patatas, unas manitas de cerdo guisadas, cerveza, agua, y un helado de crema catalana y manzana al horno con crema.
De vuelta nos encaminamos a ver los volcanes de Olot, y ello nos llevó a descubrir una cosa. Esta ciudad es un caos en cuanto te sales de las calles principales, e incluso dentro de ellas es complicado encontrarse. Por no decir de las direcciones prohibidas, que en ocasiones llegan a ser un “sinsentido” de lo más absurdo. Pues en más de una ocasión se llega a cruces, o plazas, en las que todas las direcciones posibles son prohibidas, excepto la que te ha llegado hasta esa posición, y otra que lleva al punto de partida, o sea como una pescadilla. Cuando no sucede que la señal del dirección prohibida no esta, o bien no se ve por estar tapada, y entonces se arma la de San Quintín.

Ante la imposibilidad de encontrar el ayuntamiento, de encontrar la oficina de información turística, la imposibilidad de encontrar un camino que llevara a los volcanes… bueno, el caso, que deben señalizar mejor, y poner las cosas más a la vista, por lo menos la oficina de información turística. Y viendo unas nubes muy oscuras que estaban saliendo por el horizonte, y que el camino para ir a nuestro alojamiento estaba sin asfaltar, nos decidimos por volver a éste último. Total ya estaba oscureciendo. Por lo que pasamos el resto de la tarde de relax “hogareño”.

La gente me señala
me apuntan con el dedo
susurra a mis espaldas
y a mí me importa un bledo
