Sexto día. Una de carnicería, carretera y manta, integristas y…
La salida de Olot fue un poco tumultuosa, pues la calle principal de entrada y salida estaba en obras, cortada. Y por otro lado queríamos comprar unos “embotids” típicos de la zona, lo que implicaba aparcar, y con las arterias principales sin uso, y con ello parte de los aparcamientos subterráneos inaccesibles, el espacio para dejar el coche estaba de lo más complicado. Tras vueltas, vueltas, y más vueltas, optamos por la doble fila, o por el “asalting” de baldosa.
Una cosa hay que reconocer y constatar a los oloteños, la carne de sus carnicerías es muy buena, más que de primera de extra. En cuanto a nuestras adquisiciones, pues chorizo, fuet y salchichón. Aunque no lo he probado, pero he de suponer que debe estar muy rico, pues el maletero huele que alimenta, jejejejeje.
Un par de décimos de lotería en la administración número uno de Olot, que nunca se sabe… Aunque claro, cuando enseñé mi número me dijeron “… para que has comprado eso, esos números nunca salen…” Jo, pues me jodieron el invento, ya me han gafado el número de Olot. Pues espero que salga, y con el gordo, sólo por chinchar.
Rumbo a Bagá y una duda. ¿El camino corto y malo, o el camino largo y bueno? Pues no lo sé, nunca he pasado antes por aquí. Lo dicho, por Vic, el camino largo. Carretera buena. Más carretera buena. Casi setenta kilómetros por delante. Viaje tranquilo, no más de noventa por hora. A los lugareños se les conoce rápido, bueno, y tan rápido, te pasan como exhalaciones a más de ciento cuarenta o ciento sesenta, más de uno. Pero cafres hay en todas partes. Túneles. Bosques de muchos colores. Montañas cada vez más cercanas. Carretera ya algo empinada, cuesta arriba. Un camión. Uff, menos mal, un carril de lentos. Otro camión. En un túnel. Sin carril de lentos. Jo, de éste no nos escapamos. Cada vez más curvas. Un pueblo. Se llama Sant Joan de les Abadesses. Posteriormente nos enteramos que está considerado como uno de los pueblos de “la cuna de Cataluña”, junto con Ripio, algo así como Kosovo para los servios. Nos paramos en él un momento. Tiene un puente muy chuli. Fotos. Después vemos que tiene un casco histórico interesante, y una historia de rancio abolengo. Pero no hay tiempo, en otra ocasión será, hay que llegar a Bagá, y aún esta muy lejos.
Sant Joan de les Abadesses
Íbamos parar para comer en Vic, pero no lo hicimos, jo, que error. Nos adentramos por unas carreteras que no se si llegarían a ser comárcales, pues no tenían ni arcen. No se quien me dijo que todas la carreteras catalanas comárcales parecían autovías del sur. Continuamos la marcha, con un trazado cada vez peor, cada vez más complicado de conducir, cada vez con más curvas. El objetivo era Gironella, y de esta a Berga, aunque lo primero, comer. No había ningún lugar para esto último, ni en los pocos pueblos, muy pequeñitos, por los que pasamos.
¡¡¡Momento Pánico!!! Por esa mierda de carretera nos venia, tras una curva, un camión cisterna, no sé cual sería su contenido, a una velocidad poco apropiada para un vehículo de ese tamaño, que apareció por el carril contrario, y casi atravesado el remolque. Lo esquivé. Menudo imbecil.
Por fin un cartel de restaurante. Nos dirigimos a él, estaba un poco fuera de la carretera. Vaya, un “restaurante con encanto”. Un edificio de tipo rústico de reciente construcción. En el que como cosa “típica” tiene que las aves que se consumen en él, están vivas en una especie de corral trasero, como en las marisquerías. ¿El nombre del local?. Els Casals. ¿La comida? De diseño pero muy buena. ¿La atención del personal? Pésima. El camarero, un tipo muy estirado, pese a identificarnos como “castellanohablantes” en ningún momento dejó de dirigirse a nosotros en catalán. Pero no catalán “del sur” que digamos que se entiende, sino en “pirenaico” que es algo más cerrado y complicado de entender. Y para colmo muy rápido. Si no nos quería atender por ser un local solo para catalanoparlantes, que lo hubiera dicho al principio, y no bajamos en cache. El caso, nos atendió fatal, los platos tardaban una barbaridad en venir, y encima, en vez explicarlos, como hacia con el resto de mesas, los dejaba casi tirados. Si señor, el restaurante Els Casals, un desastre de atención, casi de tipo “apartheid”, en el que tiene a un “cafre” por camarero o jefe de sala, no se exactamente lo que era.
En este mismo establecimiento, pijo, elitista y estirado, fue el primer lugar en que pude oír una conversación sobre el nuevo “Estatut”, a un grupo de personas jóvenes, que creo, que no representaban a la gente normal de Cataluña, sino más bien a un grupo de “Salvadores de la Patria”. Lo cual me resultó deprimente, pues si el Estatut realmente se oyera en la calle, en los restaurantes, en las colas de los cines, en los hoteles, en las tiendas… pues tal vez todo el jaleo que hay montado entorno a él, tendría sentido, pero más bien es una cuestión, en la propia Cataluña, de los políticos, las élites, y los periodistas, a la que entran al trapo los políticos, los periodistas y algunos descerebrados del resto de España que promueven boicot contra la gente de Cataluña.
Tras dejar Pijolandia, nos pusimos de nuevo en la carretera, al poco pasamos Gironella, y unos minutos más tarde llegamos a Berga, donde la oficina de turismo esta justo a la entrada. Paramos, y cogimos información sobre la comarca del Berguedá. Rutas, pueblos, hoteles, casas rurales, museos… por lo que de inmediato nos pusimos manos a la obra, y comenzamos a llamar a los distintos alojamientos disponibles. Conseguimos aposento en Rustic Vilella, y nos dirigimos hacia Bagá, dejamos atrás Berga, y Cers, Terradellas y Guardiola de Berguedá.
Llegamos a Bagá, un pueblo pequeño, muy “clásico” en las construcciones y distribución de tipo pirenaico, que en su interior alberga una amplia y variada historia. Pero eso es otro cantar, ya que no hicimos escala en él, sino que marchamos directos a la casa rural en la que habíamos acordado quedarnos. A catorce kilómetros del pueblo. Primero por una carretera comarcal normal. Después, ya sin más remedio que avanzar hacia Gisclareny, la carretera empeoró considerablemente, no por su asfalto, en buen estado, ni por su trazado que continuaba siendo serpenteante casi hasta la desesperación. Sino por la anchura del camino, que se había encogido sustancialmente.
Llegamos al cruce en cuestión. ¡¡¡¡Que horror!!! Los últimos tres kilómetros eran de tierra. Ojalá. Solo eran los primeros quinientos metros, después pasaba a ser roca. Parecía que nos había dado un “telele” dentro del coche, de cómo botaba. Esperábamos que fuera un buen lugar, pues si después no nos gustaba… Por fin llegamos. No estaba mal. Nos quedamos. Una casa de montaña reconstruida en la que no había luz eléctrica, un generador la suministraba; sin teléfono, la cobertura para el móvil estaba solo a ratos… y apenas cuatro luces en todo lo que alcanzaba la vista. No está mal.
Gisclareny visto desde Rustic Vilella
Una sorpresa final. El dueño del hospedaje es de Murcia.
P.D. Mi numero de la lotería de Olot era el 77775, no salió… pero llevaba un cinco! Así que me devolvieron las perras. Vaya, una leche no parar en Vic a comer, y mira que estuvimos a punto. ¡¡¡Ay!!! ...qué desgraciaíco soy, que ni teniendo a un paso atino...


La gente me señala
me apuntan con el dedo
susurra a mis espaldas
y a mí me importa un bledo

anonimo dijo
no sale lsi tiene forma de cono o de escudo y eso no ayuda a los niños que en naturales esten ayudando a algien
20 Noviembre 2006 | 08:11 PM