La Coctelera

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...desde donde el azul se hace negro, allá en lo alto....     

22 Febrero 2006

Garachico

Villa situada en el sector NO. de la isla de Tenerife, de cuya capital dista 62 Km. Está rodeada por los municipios de Icod de los Vinos, El Tanque y Los Silos, y tiene por límite, en el punto norte, el Océano Atlántico, y en las proximidades de la costa el peñón de origen volcánico denominado "El Roque".

El término municipal tiene una extensión de 4.342,5 hectáreas, de las que 2.979 corresponden a núcleos rurales. La zona urbana, con una altitud media de 10 metros sobre el nivel del mar es eminentemente costera, más o menos llana, y se comunica directamente, y sin aparente subida de nivel, con La Caleta de Interián. El terreno asciende hacia los barrios de San Pedro y Las Cruces, por el Oeste y hacia El Guincho por el Este, sin que esta altura signifique un nivel desproporcionado.

El caso contrario es el de los barrios de Genovés, San Juan del Reparo y La Montañeta, situados a una altura que supera los 500 metros, con especial incidencia en La Montañeta, incrustado de lleno en el pinar que llega hasta el Teide.

La distinta altitud diversifica, como es lógico, el aspecto climático, con temperaturas costeras que no bajan de los 16° en invierno, ni sobrepasan los 26° en los días de agosto, mientras que el frío es particularmente intenso en La Montañeta durante la estación invernal.

Los barrios denominados San ]osé y Los Reyes, pese a encontrarse a cierta altura, en relación con la costa, forman un todo indivisible con las más céntricas calles de la zona urbana.

La costa, extendida a lo largo de seis Km., entre El Guincho y La Caleta de Interián, tiene sectores de acantilados, entre los que se intercalan pequeñas radas y playas de arenas negras y reducida extensión.

La población del municipio, que ha sufrido bruscas oscilaciones a lo largo del tiempo, a causa de una serie de vicisitudes de tipo natural o político, se sitúa hoy en los 5.918 habitantes, con arreglo a la siguiente distribución: San Juan del Reparo: 843 habitantes; Genovés: 894; La Montañeta: 202; El Guincho: 373; San Pedro de Daute: 189; Las Cruces: 414; La Caleta de Interián: 659, y la zona urbana 2.345 habitantes.

La fundación de Garachico data de 1496, fecha en la que el Adelantado Fernández de Lugo cedió amplias zonas de terreno en el lugar, al banquero genovés Cristóbal de Ponte, a quien ha de considerarse como el fundador de la hoy Villa y Puerto. El nombre de Cristóbal de Ponte se vincula a los de Mateo Viña y Agustín Italiano, también genoveses y que mantuvieron, asimismo, grandes extensiones de tierras, donde se instalaron los molinos de azúcar que significaron la primera y más importante riqueza del Lugar.

Tal riqueza se hizo posible, no sólo por la feracidad de las tierras roturadas, sino por la proximidad de la cala natural que guarecía de los temporales a los navíos que, a lo largo de casi tres centurias, se acercaban a la costa de Garachico para desarrollar en ellas un comercio que tuvo pronto extraordinarias proporciones.

Fue el de Garachico el más importante puerto de la isla en los siglos XVI y XVII. Por él eran embarcados los principales productos norteños, entre los que el azúcar y el vino tuvieron principal preponderancia: el azúcar de los cuatro ingenios de la comarca y el vino malvasía tan celebrado en Europa. Los barcos que zarpaban de Garachico partían hacia Yucatán y Río de la Plata; hacia Flandes e Inglaterra; hacia Francia o Angola... Su regreso era aguardado con expectación desde las atalayas construidas en sus propios domicilios por los más adinerados comerciantes. Y no era para menos tal expectación si se tiene en cuenta que las naves traían paños ingleses, obras de arte, especias de oriente, telas francesas...

Parece natural que un puerto que tuvo almojarife y que se organizó administrativamente, cobrando derechos y tasas de exportación, así como cánones de entrada, sirviera de punto de arranque y luego de crecimiento y esplendor al lugar en que estaba ubicado. Alrededor del puerto surgió una población cosmopolita en la que se instalaron mercaderes y comerciantes que mantuvieron, con su situación privilegiada, un emporio que se mantuvo firme hasta los comienzos del siglo XVIII. Un emporio en el que, además de familias nobles y adineradas, tuvieron asiento varias comunidades religiosas: franciscanos, agustinos, dominicos, monjas claras... y un número bastante crecido de artistas plásticos: escultores, plateros, canteros, pintores,... que mantuvieron al mayor nivel el ambiente cultural de la zona, con especial incidencia en la escuela de escultura creada en torno a Martín de Andújar, cuyo montañesino taller contó con valiosos alumnos, entre los que cabe destacar el gomero Francisco Alonso de la Raya y el garachiquense Blas García Ravelo.

Todo el apogeo y riqueza desaparecieron en el calamitoso suceso vulcanológico del año 1706. Antes había sufrido Garachico toda una larga teoría de desgracias: incendios, maremotos, inundaciones, pestes, vendavales.... de los que supo siempre rehacerse. Hasta que la erupción comenzada el 5 de mayo de 1706 y que había de durar hasta el 13 de junio, en que se consideró ya extinguida, significó que casi quedara cercenada la vida comunitaria de la opulenta ciudad.

No sólo desaparecieron casas y calles, palacios e iglesias, sino que el puerto, su principal riqueza y la razón de su subsistencia, resultó maltratado por la furia del volcán, que lo obstruyó implacablemente, reduciéndolo a una pequeña rada que contrastaba con la amplitud de la ensenada natural que el fuego había cegado.

El auge comercial pasó a los puertos de La Orotava y Santa Cruz. Los esfuerzos que los vecinos de Garachico desplegaron para paliar, de algún modo, la catástrofe no encontraron eco en las autoridades insulares, inclinadas a favor de la hoy capital de la provincia, hacia donde fue dirigido, por orden del comandante general, todo el comercio de Garachico, no sólo por razones de comodidad, sino por el matiz político que caracterizó cada decisión del marqués de Valhermoso.

Los vecinos rehicieron sus casas. Las comunidades religiosas volvieron a sus conventos, algunos de los cuales hubieron de ser reedificados. Pero ya todo fue diferente.

Arruinado el comercio, los habitantes de Garachico comenzaron a vivir de la agricultura y la pesca. Una agricultura con desigual reparto y una pesca carente en absoluto de una infraestructura adecuada. Las embarcaciones se vieron obligadas a reducir su tamaño en espera de tiempos mejores. La rehabilitación del puerto fue un intento que no cristalizó, pese a haber dado comienzo unas obras tendentes a resolver la dificil situación.

Paralizadas las obras, no mejoraron las condiciones de una agricultura que se asienta en una estrecha faja de terreno entre la montaña y el mar. La incipiente industria turística, apoyada en la suavidad del clima y en la belleza urbanística del lugar, que mantiene aún edificaciones interesantes, no cuenta tampoco con la infraestructura necesaria, si bien en la actualidad cuenta con un hotel de 19 habitaciones, y otro a punto de inaugurarse, ambos enclavados en casonas antiguas de la zona urbana, y otros dos en el barrio de El Guincho, como si estuviese a punto de reiniciarse el cosmopolitismo de los siglos XVI y XVII, en los que Garachico fue el principal puerto de la isla y foco, también principal, de la cultura.

El viajero que llegue a Garachico se encontrará con los conventos que crearon franciscanos, dominicos y monjas concepcionistas, porque los otros no regresaron después de la partida. Y se encontrará también con la iglesia parroquial y el Castillo de San Miguel; con los balcones de tea y los sombríos zaguanes de sus casas solariegas. Y con sus calles estrechas y empedradas, que se resisten a soportar el asfalto y el cemento de las grandes urbes.

Sin dejar de mirar hacia atrás, porque la Historia merece un respeto, el pueblo es hoy una localidad moderna, con paseos y piscinas; avenidas y jardines; restaurantes y canchas de tenis. Pero con una acertada delimitación: a un lado, la quietud y el sosiego de sus calles antiguas; al otro, y como contraste muy acusado, las zonas más modernas, más actuales, donde la vida, aunque sin prisas ni agobios, se mueve a un ritmo diferente.

Garachico es –sigue siendo– punto obligado de reuniones y visitas de personajes importantes. Además, ha sabido mantener sus más queridas tradiciones, que lo señalan como pueblo diferente en el concierto insular. La romería de San Roque, que lo convierte en una riada humana que canta, baila y se divierte hasta el agotamiento, contrasta con una Semana Santa de rica imaginería, que se vive profundamente, hasta el punto de que parece un pueblo enseñado en sumergirse en el pasado de unas manifestaciones religiosas que tuvieron en los siglos XVI y XVII una significación muy especial.

Su pulcro aspecto y la belleza de su arquitectura le han valido varios premios nacionales de embellecimiento y S.M. el Rey don Juan Carlos le concedió la Medalla de Oro de las Bellas Artes como reconocimiento a su trayectoria cultural y artística. Cabe suponer que la elegancia y el señorío seguirán conservándose también.

Publicado por Turismo de Canarias
Autor: Ilmo. Sr. D. Ramón Miranda Adán. Alcalde-Presidente del Excmo. Ayto.de Garachico.

Pues un Saludo desde Murcia

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Sobre mí

La gente me señala me apuntan con el dedo susurra a mis espaldas y a mí me importa un bledo

Que más me da si soy distinta a ellos no soy de nadie, no tengo dueño

Yo sé que me critican me consta que me odian la envidia les corroe mi vida les agobia

¿Por qué será? Yo no tengo la culpa mi circunstancia les insulta

Mi destino es el que yo decido el que yo elijo para mí

¿A quién le importa lo que yo haga? ¿A quién le importa lo que yo diga? Yo soy así, y así seguiré, nunca cambiaré

¿A quién le importa lo que yo haga? ¿A quién le importa lo que yo diga? Yo soy así, y así seguiré, nunca cambiaré

Quizá la culpa es mía por no seguir la norma, ya es demasiado tarde para cambiar ahora
Me mantendré firme en mis convicciones, reforzaré mis posiciones

Mi destino es el que yo decido el que yo elijo para mí

¿A quién le importa lo que yo haga? ¿A quién le importa lo que yo diga? Yo soy así, y así seguiré, nunca cambiaré

Alaska y Dinarama


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