Un Relato Que He Escrito Para Bagamontse
El Autodefinido
Esta mañana en mi cafetería habitual, mientras de tomaba una refresco, iba haciendo los pasatiempos del periódico del día. En concreto el autodefinido. Aunque no es precisamente mi favorito, pero lamentablemente era de los pocos que ya no estaban completados, o ha medio hacer.
Lo habitual, letra aquí, letra allá, y las distintas palabras que lo componían iban apareciendo, dejando al descubierto su contenido. Hasta ese momento todo habitual: nombres de actores y políticos, ríos y lugares, profesiones y acontecimientos...
Lo deje sobre la mesa para dar un trago a mi bebida, y al volverlo a mirar ya no eran tan normal. Era como si en la distancia sus letras no dijeran lo que decían en la mano. Lo cogí, y si, era mi autodefinido. Lo volví a dejar sobre la mesa y lo que había en el no lo había escrito yo.
Decidí leerlo en la distancia, dejándolo sobre la mesa. Desde allí se podía leer en el:
"Ten cuidado, el tipo de la mesa junto a la esquina de la barra, lleva una pistola y quiere matarte. Lárgate y busca a alguien que pueda defenderte y vaya también armado. Esta loco y no cejara en su intento de liquidarte. Te preguntaras porque. Tu mujer se lo ha encargado, pues te esta poniendo los cuernos con tu jefe"
Aquello me dejó perplejo. Debía tratarse de una broma macabra. Pero... Tal vez en la bebida me habían echado algo y estaba sufriendo alucinaciones. Por si acaso no le retire el ojo al tipo en cuestión.
Vi que buscaba algo en una mochila que tenia junta a él, en su interior. Eso no medio buena espina, así que me levante y salí del local.
El tipo cambian salió. Me seguía. Podía oír sus pasos tras de mi.
Aceleré mi paso. Lo aligeró también. Mi pulso comenzó a ir más rápido, un sudor frío corría mi sien. Miraba hacia atrás de reojo. Él estaba tras de mi.
Me puso la mano en el hombro. Me sobresalte. Comencé a correr. El tipo me perseguía.
Vi un policía municipal. Le grite que ese tipo me perseguía y quería matarme. Llevaba un arma.
El policía, al ver la situación, hizo amago de coger se pistola, pero se oyó un disparo y cayo al suelo. Estaba perdido.
Ya no miraba nada, sólo corría, en zig-zag, ni semáforos, ni pasos de peatones, si autobuses... Nada, sólo correr.
El tipo seguía tras de mi, realizó algún disparo, infructuoso gracias a mi zigzagueo. Pero seguía casi notando su aliento en mi nuca.
Me gritaba que parara, que le esperara, que tenia algo para mi muy importante. No le hice caso, continué huyendo, sus explicaciones no me parecían lo suficientemente contundentes.
La situación comenzó a complicarse por momentos. Había entrado en lo que parecía un callejón sin salida. Él desde el fondo me miraba satisfecho. No podía escapar, estaba a su merced.
Redujo se paso, ahora venia hacia mi con caminar tranquilo y sereno. Sin prisa. Me tenía atrapado entre la pared y su pistola. Debía ser una especie de sádico psicópata que quería tomarse su tiempo y recrearse conmigo.
Me dispuse a defenderme. Pero sólo disponía del periódico. Todo el tiempo lo había llevado enrollado en mi mano.
Mi perseguidor viendo el pánico plasmado en mi rostro, me apuntó, tiro hacia atrás del percutor con su pulgar y se dispuso a dar por finalizado su trabajo y mi agonía.
No sabia que hacer, estaba acabado, mis días terminaban en aquel callejón húmedo a media luz. No lo podía creer. Pero decidí que, en la medida de mis posibilidades, no vendería barato mi pellejo.
Cogí fuertemente el periódico en la mano, lo enrollé bien, y como si de un palo se tratara se lo arroje mientras me encañonaba.
Grito aterrorizado. Intento cogerlo. Pero el viento que ese día soplaba en la ciudad y que en ese callejón lo hacia con especial fuerza, se lo impidió, y deshizo el tubo de hojas y las diseminó, todas sueltas, por el callejón, al tiempo que el tipo se deshizo entre ellas, se desvaneció al tiempo que estas pasaban junto y a través de él.
De repente estaba sólo. En callejón no había nadie, ni pistola, ni ropas, sólo yo y hojas de periódico, unas en el suelo, y otras aún revoloteando llevadas por el viento.
.
Relato escrito el domingo 12 de marzo de 2006 en la cafetería Aromas en la Plaza de las Flores de Murcia.
Un Saludo desde Murcia

La gente me señala
me apuntan con el dedo
susurra a mis espaldas
y a mí me importa un bledo
