Vivimos en una cárcel. Solo nos quedan las cartas
Ley tras ley los reductos de intimidad y confidencialidad son cada vez más escasos, con la excusa de perseguir a los terroristas. Así, en abstracto. Los que no lo somos vivimos sometidos a tantos controles y seguimientos que parece que nosotros fuéramos realmente a quienes hay que vigilar, y no a “los malos”.
Mientras que “los terroristas”, en abstracto, viven a sus anchas, y ni la CIA, ni el FBI, ni la Guardia Civil, ni el MI5, ni el Mossad, ni nadie sabe por donde se suponen que andan. Mientras que tu y yo, en este momento estamos siendo espiados y controlados:
Alguien esta grabando tu recorrido por internet, esta registrando que ti IP a entrado a esta web, y estas leyendo este texto, es incluso sabrán si lo grabas en tu propio ordenador.
Tus correos electrónicos son archivados, y queda registrado a quien se lo mandaste, que día, a que hora, desde que lugar, con que ordenador, que programa empleaste para ello, y por supuesto su contenido.
Los SMS, con ellos pasa lo mismo que con los correo-e.
Por supuesto las llamadas telefónicas no quedan al margen, aunque en este caso la duda es, ¿graban en sonido también o no?. Posiblemente si, pues ya puestos en que todo el digital, y basta con añadir un disco duro para tener decenas de miles de horas de grabación…
Para todo esto hacia falta mandamiento judicial, pero ahora hay leyes que se saltan esa premisa, y obligan a las empresas prestadoras de los servicios a gravarlo todo, por nuestro bien, y tener algunos años guardado.
Luego nos escandalizamos de que casi nos desnuden para entrar en un avión, que todo se andará, y no tardaran mucho en poner habitaciones con un policía o una policía, en las que haya que desnudarse para que prenda a prenda lo revisen todo, y después te cacheen. Pero claro, de esto nos damos cuenta, nos lo hacen a nosotros, y nos enteramos. Lo otro pasa más desapercibido.
Y seguro que si “los terroristas” quisieran hacer estallar algo en un avión, alguien, a quien se le presume que no lo es, les daría la llave de la puerta de servicio o el almacén para que no tuvieran problema de acceso.
Al final resulta que las cartas, las humildes cartas, paradójicamente a muchos presos se les revisan antes de enviarlas o cuando las reciben, es el único medio de comunicación, que, de momento, no puede ser espiado sin una orden judicial que autorice a ello. Aunque ya se van incluyendo medios digitales de seguimiento del envío… pero es posible ir a un estanco, pegarle un sello de un lengüetazo, y echarla a un buzón.
Un Saludo desde Murcia, Futuro Manantial Hispánico de Agua Desalada

La gente me señala
me apuntan con el dedo
susurra a mis espaldas
y a mí me importa un bledo