La Diada, el Acto más Español del Nacionalismo Catalán IV. La Soledad de la Traición Inglesa.
Las cosas iban bien. Felipe V iba perdiendo. Carlos III se veía ya gobernando desde Madrid en continuación de la dinastía de los Austrias. Luis XIV ve las cosas tan mal para su pariente que le abandona, que niega su apoyo, y eso lleva a que Inglaterra también se desinterese por esa guerra, pues con Francia fuera, una guerra civil dentro, ya no le interesa. Y llega el Tratado de Utrech que pone fin a la contienda de las potencias extranjeras. En parte, también, porque ha muerto del hermano de Carlos y ahora Inglaterra ante la posibilidad de tener el mismo rey en España y en Alemania, con lo que eso supone, un rey francés en España sin el apoyo de Francia le parece un mal menor.
Así las cosas, los catalanes apostaron a caballo perdedor, no porque perdiera, si no porque les abandono, en 1713 el proclamado Carlos III abandona Barcelona pero sin renunciar a sus derechos dinásticos, y con las tropas de Felipe V recuperando terreno en Aragón, Valencia y Baleares, el único territorio que queda con una estructura política y social más o menos organizada es Cataluña.
Sin rey, pues el Habsburgo había huido y con el Borbón estaban en guerra, las Cortes Catalanas pasan a llamarse Braços Generals, formados por una representación eclesiástica, otra militar y otra popular. En julio de 1713 se les plantea una encrucijada: aceptar a Felipe V como rey, o no. La Iglesia y los militares apostaron por llegar a un pacto con el rey, pero la parte popular opto por resistir a toda costa. En la votación final la iglesia se abstuvo, y los militares pese a saber que era un suicidio, apoyaron a los populares.
Corrida la voz de que Cataluña, y especial Barcelona, no se sometían al nuevo rey, fueron muchas las gentes que desde otros puntos de España, por austriacos y antiborbones, en una especie de Brigadas Interpeninsulares, acudieron a plantar batalla y resistencia, hasta el punto de que muchos mandos no eran catalanes sino de otras zonas de España.
Continuará…

La gente me señala
me apuntan con el dedo
susurra a mis espaldas
y a mí me importa un bledo
