De Vergel de Europa a Boina del Segura
La ciudad de Murcia, y sus contornos, tienen una orografía muy particular. Es indiferente por donde se llegue a ella, por la autovía de Cartagena, por la proveniente de Lorca, por la autovía de Madrid o ya sea desde Alicante, siempre queda en bajo, y quien llega lo hace descendiendo montañas o hileras de montes, vamos una olla. Una hondonada rodeada atravesada por un rio y rodeada de zona montañoso-elevada.
Esto durante siglos, tal vez veinte o más incluso, pues aunque los árabes fueron los que le dieron su actual nombre, y casi desparecida distribución, ya los romanos tenían conocimiento y disfrute de ella, ha hecho que Murcia, añadiendo su rio, tuviera un microclima muy especial. Ni frio en invierno, ni calor en verano, con una buena tasa de humedad, y agua en abundancia. Tanta que el arroz de Calasparra, inicialmente, no se cultivaba allí sino en lo que hoy es Murcia ciudad. Pero a lo que iba, estas condiciones han sido las ideales para que existirá la huerta más prodigiosa que jamás vieron ojos algunos, ya fueran de humano, animal o ser extraterrestre, la Huerta de Murcia. Que durante siglos ha suministrado productos frescos de primerísima, y reconocida, calidad, a España y a Europa.
Aunque esto fue hasta hace unos diez años, pues desde entonces a esta parte, cuando uno entra a Murcia dejando Los Jerónimos a su derecha-espalda, o cuando le parece el valle-hondonada en toda su inmensidad de lado a lado, desde más allá de Monteagudo y hasta los confines de Alhama, o por la llegada desde Madrid con la autovía recta y en pendiente, como si se tratara de un trepidante tobogán que fuera a desembocar en el rio por una esquina de la catedral. Lo que llama la atención, casi sobresalta, más incluso que el gran mar de casas-edificaciones que se extiende por lo que en otros tiempos fuera un océano verde de frutales, hortalizas o cítricos, es la boina gris negruzco que tiene sobre si todo lo ya contado, o tal vez se pudiera considerar como el sombrero de un hongo atómico sin tallo ni explosión todo ha desolado, o el perímetro de un platillo volante que desde las alturas contemplara, con su avanzada tecnología de viajes cronológicos, lo que fue y lo que es.
En definitiva el verde del vergel de Europa, ha sido sustituido por una espesa y oscura boina sobre el Segura, dando muestra del cambio de los tiempos, de la contaminación, el más siniestro reflejo, en un espejo inexistente, de lo que fue y ya nunca más será.
Un Saludo desde Murcia, Futuro Manantial Hispánico de Agua Desalada

La gente me señala
me apuntan con el dedo
susurra a mis espaldas
y a mí me importa un bledo
