Castidad por devoción, castidad por obligación, puñetas con la lubricación…
Hasta hoy conocía a Bartolo, ese que tenía una flauta con un agujero solo, a Bartolín, a Bartolomé, también a la Bartola esa a la que todo el mundo es aficionado a tumbarse, pero no a Bartolino, que no es otra cosa que un punto rojo oscuro dentro de una inflamación, que se produce cuando tras un periodo de castidad voluntaria, o por falta de arroz para hacer una buena paella con conejo, no se practican determinadas artes, y cuando un buen día, por un arrebato, o por haber conseguido puntualmente el arroz, se ponen en práctica esas técnicas ancestrales y ya casi olvidadas, pues resulta, que la falta de práctica llevada por el arrebato del momento, hacen que la lubricación no sea la adecuada, y venga a joder la marrana el tal Bartolino con una bartolinitis, o lo que es lo mismo, una inflamación molesta y dolorosa de la cara interna de la vagina, a la entrada de ésta, con lo que la castidad pasa a ser obligatoria mientas no se le da el tratamiento correspondiente.
Pero claro, es que hay refrán que dice “…lo que no disfrutan los cristianos se lo comen los gusanos…”. Señoras a calzón quitado, que viene el tal Bartolino y pasa lo que pasa…
Un Saludo desde Murcia, Futuro Manantial Hispánico de Agua Desalada

La gente me señala
me apuntan con el dedo
susurra a mis espaldas
y a mí me importa un bledo
