Carataco no fue el inventor del billar
Aunque, siguiendo la similutud con el cuento de Juan Pimiento, se podría pensar que Carataco fue un tipo que jugó con tanta fruición al billar que su cara tornose como ese elemento tan habitual, e imprescindible, en el juego en cuestión, esa hipótesis no se correspone con la realidad.
Carataco era de por sí el nombre de este tipo, mucho antes de que existiera el juego de mesa del tapete verde y las bolas de marfil. Era un tipo ingles, o tal vez gales, no lo aclaran excesivamente los distintos escribanos de la Historia que han dejado constancia de él, aunque siendo amplios y no excluyendo a nadie, se podría optar por lo plasmado por Tacito y decir que era de Bretaña.
Con algunos años de diferencia se podría considerar que fue el Viriato de las Islas Británicas: se enfrentó a los romanos durante su conquista de éstas, y al igual que el luso fue traicionado por sus paisanos, aunque no le matarón, con lo que no hubo lugar a una réplica de la célebre “Roma no paga a traidores”.
En busca de ayuda y protección Carataco acudió a la corte de Cartimandua, pese a saber que su reina era alidada de los romanos, y ésta, como él no esperaba pero sí era de suponer, lo entregó, cargado de cadenas, a las tropas imperiales.
Preso fue llevado a Roma, a presencia del emperador Claudio, quién después de dejarle dar un discurso, por petición del reo, decidió que en algunas cosas no le faltaba razón, y en lugar de hacer rodar su cabeza o ampliar su familiaridad con la jirafas, le regaló una casa en el campo, en las proximidades de la ciudad.
Este individuo, que como quedó constancia no era aficionado al billar, dejo una frase célebre una vez vio dónde y cómo vivan los romanos patricios, con la que mucha gente a día de hoy sigue estando de acuerdo, ya que puede aplicarse a millonarios varios, deportistas elitistas, bancos y banqueros, paises imperiales, multinacionales, etc: "cómo pueden algunos de ellos teniendo tales posesiones ambicionar nuestras pobres tiendas de campaña?".
Un Saludo desde Murcia, Futuro Manantial Hispánico de Agua Desalada

La gente me señala
me apuntan con el dedo
susurra a mis espaldas
y a mí me importa un bledo