Plaza de Zocodover – Toledo | O como conseguir que no vuelva el turista
Recientemente he estado unos días en Toledo, además de en otros lugares de la geografía peninsular, de agradable estancia, memorable recuerdo y próxima vuelta, pero he cometido un error que no se volverá a producir, sentarme en la terraza de uno de los establecimientos de la Plaza de Zocodover.
Ya sabemos que sobre el televisor de cualquier turista que se precie tras pasar por España, no debe faltar una muñeca flamenca con peineta, y un toro negro con sus banderillas decoradas con los tintes del emblema patrio. Pero tras plantar sus posaderas en ese establecimiento, el turista se lleva en carne propia uno de los “ornamentos” propios del toro, pero de los que normalmente carecen los souvenirs.
Una estocada, con puntilla y todo, por si se le ocurre rechistar. Por cada bola de helado en una terrina para tomar en una mesa, cuatro euros, 4 euros, CUATRO EUROS. Lo que supone que una terrina con dos bolas sale por ocho euros. Ah, y las bolas ni eran hemisféricas ni tampoco se trataba de sabores de autor, eran simplemente vainilla y fresa, con el diámetro habitual.
Señores hay menús del día, la comida completa, que no llegan a esos ocho euros; un bote de Häagen Dazs de medio kilo, en el supermercado, sale por unos seis euros, y tienes para darte una sentada. Pero nada, hay quien piensa que el turista es como el pichón, para practicar el tiro.
El turismo es nuestra particular gallina de los güevos de oro, a la que hay que cuidar y mimar, y muy especialmente desde los gremios de hotelería y restauración, pero precisamente hay quien en estos sectores cuando ve un turista no piensa en que esa persona debe darle buena publicidad para que sigan viniendo más como él, con un buen servicio, un plato delicioso y un precio razonable; en lugar de eso, ven una cartera que hay que desplumar.
En España a la gallina de los güevos de oro, hay quien no la quiere para que ponga güevos en repetidas ocasiones durante un largo tiempo, sino para cortarle el cuello y hacer una única sopa, para la que seguirá usando el cuchillo y las albóndigas serán las bolas del que se atreva a sentarse en ese establecimiento.
Con esto lo que se consigue no son buenas referencias y más clientes, sino textos como este que finalizan con “…una y no más Santo Tomás…”
Un Saludo desde Murcia, Futuro Manantial Hispánico de Agua Desalada

La gente me señala
me apuntan con el dedo
susurra a mis espaldas
y a mí me importa un bledo