Downton Abbey, o ¿quién montará a la yegua?
Como en buena parte de la literatura victoriana británica, supuestamente feminista, en esto básicamente consiste la historia de esta serie, en casar a la hija mayor.
Capitulo tras capitulo van apareciendo, traídos por los padres o la abuela, un elenco de pretendientes y posibles pretendientes, que desplegarán su plumerío paválico ante la doncella a ver por quien ésta se decide, aunque indecisa, unas veces rechazara, otras no hará caso, y otros se fijará en la “opción” menos conveniente.
No es una historia romántica, no es de misterios, no es de suspense, no es de pasión, de intriga, no es de miedo, es de acción… mucho glamur, mucho fashión, mucha distinción británica… pero al final es una familia bien que si no casa a la hija se irá a hacer puñetas y la botarán de todos sus privilegios y propiedades.
Esto mismo sale en los telediarios de vez en cuando, con sordinas imágenes de orfanatos, y fría estadísticas, al ritmos de titulares sensacionalistas, sobre la suerte de miles de niñas que en sitios como China o la India, con abandonada o asesinadas, porque para sus familias una hija es inviable, en muchos cosas, debido a las dotes que hay que pagar para casarlas, incluso la ruina.
Downton Abbey, una historia para ver a quien le colocan la hija, eso sí con mucho glamur, patético que en pleno siglo XXI está sea una de las grandes historias televisivas del momento que arrastre masas tras de sí.
Un Saludo desde Murcia, Futuro Manantial Hispánico de Agua Desalada

La gente me señala
me apuntan con el dedo
susurra a mis espaldas
y a mí me importa un bledo